Nuestra historia

Un lugar entre lo mágico y lo sagrado

El Centro de Agradecimiento Alvernias fue concebido inicialmente como una finca para ganado de leche, única actividad económica que se desarrollaba en esta región del municipio Carmen de Carupa,   ubicado a 85 kms de Bogotá.

Es importante mencionar que en su condición de “neo rurales”, los propietarios eran citadinos experimentando y aprendiendo a ser ganaderos.

 

 

Durante los años 2015 – 2016, el país padeció 15 meses el que es considerado el fenómeno del niño más fuerte del que se tenga noticia. En una región donde se presenta habitualmente un nivel de lluvias inferior al de municipios cercanos,  incluyendo la sabana de Bogotá, dicho fenómeno convirtió la zona en un verdadero desierto, donde los campesinos y pobladores debieron salir de sus animales y algunos incluso verlos morir de hambre. Para el caso de los dueños de la finca, las 3 vacas que inicialmente habían comprado, se habían convertido en 16 animales que ante todo eran “mascotas”, cada una con su respectivo nombre, árbol genealógico, historia de vida, etc.

Durante los 15 meses que se extendió el fenómeno del niño, se arrendaron fincas y compraron pastos en 3 municipios cercanos a la finca, con el fin de poder conservar en buenas condiciones los animales, hasta que finalmente no se encontraron más sitios donde llevarlos y, en contra de los sentimientos y expectativas de sus dueños, debieron vender todos los animales a un intermediario que los pagó a cualquier precio, pues su destino iba a ser una planta de sacrificio de ganado .

 

Una vez terminada esta experiencia, los propietarios consideraron que ya habían concluido su  experiencia ganadera y que debían darle otra orientación a esas 4 hectáreas de tierra que habían quedado sin uso ni destino específico.

Fue en ese momento cuando decidieron que iban a convertir la finca en un proyecto de reforestación con árboles nativos, dado que en la zona abundan especies foráneas como eucaliptos, pinos y acacias.

Importante anotar que de la misma manera que incursionaron sin ninguna experiencia en el mundo ganadero, comenzaron a sembrar árboles nativos sin mayor conocimiento sobre sus especies, características, cuidados, formas de siembra, etc. 

 

Como se comentó anteriormente, a pesar de la inexperiencia en el tema y de las difíciles condiciones del clima y características del suelo, se comenzó a notar poco a poco que donde se había sembrado un árbol o una planta, comenzaban a brotar naturalmente otras plantas a su alrededor, lo que fue interpretado, como un gesto de “agradecimiento” de la tierra hacia el trabajo que se realizaba

 

 

 

 

 

Esta experiencia de evidenciar lo que la naturaleza iba regalando en compensación por lo poco que se hacía por ella, fue germinando en los propietarios del predio un sentimiento de GRATITUD hacia la MADRE TIERRA, sentimiento que cada vez se iba incrementando más y que en un momento dado los llevó a determinar que, lo que años atrás había iniciado como un proyecto ganadero, para convertirse después en un proyecto forestal, ahora se convertiría en un proyecto de vida orientado a estimular en las personas el sentimiento de gratitud en la vida diaria, sin importar credos, orientaciones religiosas o filosóficas, pero plasmado en la madre tierra, a través de la siembra de árboles y cuidado del medio ambiente.